lunes, 16 de abril de 2018

APOCALIPSIS 10:8-11. Toma este libro


Luego que el Ángel anunció que “el misterio de Dios sería consumado” (10:7), el Señor le dijo a Juan que tomara el libro que el Ángel tenía en su mano.
(Apoc. 10:8) La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Juan obedeció, y se lo pidió al ángel. Para su sorpresa, él le dijo que no sólo lo agarrara sino que también lo comiera.
(Apoc. 10:9-10) Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Hay otro precedente bíblico de esta imagen. También a Ezequiel Dios le ordenó que se comiera un rollo. El propósito era asimilar las palabras para luego transmitirlas al pueblo.
(Ezequiel 2:8-10) Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy. Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro.  Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes.

(Eze. 3:1-4) Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel. Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.

La tarea de profeta no es fácil porque la gente no siempre recibe bien el mensaje, en especial si es un llamado de atención. Lo amargo para el profeta es que el pueblo no va a querer escuchar, así como no lo han hecho con Dios (Eze. 3:7).

Las palabras del libro son advertencias, un llamado al arrepentimiento, antes que venga el juicio final. Todavía hay tiempo, pero poco…y por eso apremia que el mensaje sea transmitido. Pero, ¡qué tal que el profeta no quiere advertir al pueblo por pena, o por miedo a ser rechazado, o por cualquier otra razón? La Biblia advierte que si el mensajero no habla, el Señor le pedirá cuentas a él, por no haber cumplido con la encomienda. Esta es la tarea del atalaya:
(Ezequiel 3:16-21) Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma.

DULCE, PERO AMARGO
En Salmo leemos que la Palabra de Dios se describe como dulce:
(Salmo 119:102-103) No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.

(Salmo 19:7-11) La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.

Regresando a Apocalipisis, vemos que el ángel advirtió que el libro, es decir: las palabras proféticas, serían dulces al principio, pero luego amargas serían amargas “en las entrañas” (Apoc. 10:9-10). Las entrañas representan nuestra alma y voluntad.  La Palabra de Dios puede sentirse amarga para el alma porque muchas veces el alma quiere lo opuesto a la voluntad de Dios. No obstante, aunque sean palabras duras, el mensaje de Dios siempre es dulce porque es para nuestro bien. 

Para un profeta, la Palabra de Dios es dulce al recibirla porque sabe que es buena.  Pero lo amargo es tener que transmitirla (en especial si la gente no quiere oír). Tanto en Apocalipsis y en Ezequiel, la instrucción luego de comer el libro es: transmitir el mensaje.
(Apoc. 10:11) Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

El mensaje también puede ser “amargo” para el oyente, porque se le pide que doblegue su alma para hacer la voluntad de Dios y no la propia.  Pero si lo hacemos, será para nuestro bien porque todo lo que viene de Dios es bueno. 

Juan tomó el mensaje de Dios, y lo comió…lo asimiló y lo transmitió. ¡Gracias a Dios por el mensaje de Apocalipsis, y a Juan por haberlo comido y transmitido para que nosotros podamos leerlo el día de hoy y saber lo que vendrá…!


Más capítulos de este estudio en: Apocalipsis



lunes, 9 de abril de 2018

APOCALIPSIS 10:1-7. Un librito abierto


El capítulo 10 es un paréntesis o pausa explicadora. Estos “paréntesis” se dan varias veces a lo largo de Apocalipsis, cuyo objetivo es dar información relevante  a lo que está sucediendo venir (aunque no necesariamente en orden cronológico). El capítulo 10 es una explicación que debemos saber antes que suene la séptima trompeta.

Lo que Juan vio en ese momento fue lo siguiente:
(Apoc. 10:1) Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

La descripción es muy similar a la de Jesús al principio de Apocalipsis, y a lo largo de la Biblia: “En una nube” (Apoc. 1:7; Sal. 97:1-2; Dan. 7:13); “rostro como el sol” (Apoc. 1:16); “pies como fuego” (Apoc. 1:15); “rodeado de un arco iris” (Apoc. 4:2-3; Eze. 1:28).
Pero hay una clave que nos revela que este ángel poderoso no era Jesús: el Señor está sentado en el trono rodeado de un arco iris, mientras que el ángel tiene el arco iris sobre su cabeza (Apoc. 10:1). Este “ángel fuerte” no es Jesús, pero está muy cerca de Él y por eso refleja Su Gloria. Es probable que éste sea uno de los siete ángeles que están parados delante del trono de Dios. Su descripción concuerda con la descripción del Trono de Dios (Eze. 1:26-28; Dan. 10:4-14).

La Biblia dice que quien contempla al Señor, se vuelve como Él…y esto nos pasará a nosotros cuando le veamos y le conozcamos en persona.
(1 Juan 3:2) Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

En Apocalipsis ya había aparecido otro “ángel fuerte” en un momento crucial, el cual estaba cerca del trono de Dios:
(Apoc. 5:2-3) Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Tal vez el ángel fuerte del cap. 10 es el mismo que se menciona en el cap. 5. O tal vez es uno similar, pues en el Cielo hay un ejército de ángeles, aunque no todos están cerca del trono.

UN LIBRITO
También el ángel fuerte del cap. 10 aparece en relación con un libro:
(Apoc. 10:2) Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Sin lugar a dudas, este ángel era imponente. Es tan alto, que puede poner un pie sobre la tierra y otro sobre el mar. Su voz era tan fuerte como el rugido de un león.  Cuando habló, siete truenos le respondieron. ¿Qué dijeron éstos?
(Apoc. 10:4) Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

En Apocalipsis se nos dan muchas revelaciones de los últimos tiempos, pero no todo.  Hay aún muchos secretos que serán revelados cuando el tiempo llegue…
El Señor dará visiones, sueños y profecías de lo que vendrá (Joel 2:28-32). Una razón por la que Él no lo revela todo de antemano es para que lo busquemos a Él para dirección y revelación.

Aunque no sepamos lo que los truenos dijeron, Juan sí nos comparte lo que el ángel habló:
(Apoc. 10:5-7) Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La frase: “el tiempo no sería más”, en la Biblia de las Américas se traduce: “Ya no habrá más dilación”. El ángel está anunciando “la hora cero”. El tiempo de la Redención final está a punto de llegar, el momento tan esperado desde el principio de la creación. El Plan perfecto de Dios va a ser revelado y ejecutado con la séptima trompeta (y veremos pronto lo que eso implica, Apoc. 8-11).

EL MISTERIO DE DIOS
Otra revelación importante del ángel es que anuncia que “el misterio de Dios será consumado”. ¿A qué “misterio” se refiere? A continuación leemos lo que la Biblia dice sobre este misterio:

(Efesios 3:3-12) que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él.

(Romanos 11:25-33) Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

(Colosenses 1:24-27)  hora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.

(Otras referencias: Efesios 2:11-22; Romanos 16:25-26)


En la próxima entrada concluiremos el estudio del capítulo 5…


Más capítulos de este estudio en: Apocalipsis