jueves, 1 de diciembre de 2011

SEÑAL DE SU VENIDA


Jesús habló de otra señal de Su Segunda Venida. 
(Mat 24:37-39)  Y como en los días de Noé, así también será la venida del Hijo del Hombre.  (38)  Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,  (39)  y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así también será la venida del Hijo del Hombre.

El gran evento que sucedió en los días de Noé fue el Diluvio, las aguas cubrieron toda la Tierra. 



¿Por qué ocurrió esto?  Porque la humanidad estaba pervertida.  Si el Señor no lo hubiera detenido, el hombre hubiera acabado con el hombre. Pero Dios decidió salvar al único hombre justo que quedaba sobre la Tierra: Noé, y junto con él a su familia.
(Génesis 6:5-8)  Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.  (6)  Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le pesó en su corazón.  (7)  Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra, a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo, porque me arrepiento de haberlos hecho.  (8)  Pero Noé halló gracia en los ojos de Jehová.

(Génesis 6:12-13)  Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.  (13)  Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.

[Nota: Curiosamente, la palabra “violencia” en hebreo es Hamas.]


Dios trajo el Diluvio como juicio divino para acabar con el mal.  Con agua, el Señor limpió la Tierra.  De igual forma ocurrirá en la Segunda Venida del Mesías.  Él acabará con todo el mal, pero en esa ocasión será con fuego.
(II Pedro 3:1-10)  Amados, esta es ya la segunda carta que os escribo, en las cuales, como recordatorio, despierto en vosotros vuestro sincero entendimiento,  (2)  para que recordéis las palabras dichas de antemano por los santos profetas, y el mandamiento del Señor y Salvador declarado por vuestros apóstoles.  (3)  Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores, con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones,  (4)  y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación.  (5)  Pues cuando dicen esto, no se dan cuenta de que los cielos existían desde hace mucho tiempo, y también la tierra, surgida del agua y establecida entre las aguas por la palabra de Dios,  (6)  por lo cual el mundo de entonces fue destruido, siendo inundado con agua;  (7)  pero los cielos y la tierra actuales están reservados por su palabra para el fuego, guardados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos.  (8)  Pero, amados, no ignoréis esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.  (9)  El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.  (10)  Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. 




Esto no es para asustarnos, sino para que podamos prepararnos.  ¿Cómo?  Pedro sigue diciendo:
(II Pedro 3:11-14)  Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad,  (12)  esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor!  (13)  Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.  (14)  Por tanto, amados, puesto que aguardáis estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por El en paz, sin mancha e irreprensibles.

Así como en los tiempos de Noé la humanidad llegó al colmo de la maldad, de igual forma será en los tiempos antes de la venida del Señor. 
(II Timoteo 3:1-5)  Sabe también esto; que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  (2)  Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a sus padres, malagradecidos, sin santidad,  (3)  sin afecto natural, desleales, calumniadores, incontinentes, crueles, aborrecedores de los que son buenos,  (4)  traidores, impulsivos, vanidosos, amadores de placeres más que amadores de Dios;  (5)  teniendo apariencia de piedad, mas negando la eficacia de ella; a éstos evita. 

No responden al llamado
El juicio en tiempos de Noé no vino repentinamente, sin advertencia.  Más bien, en los cien años que Noé estuvo construyendo el Arca, estuvo llamando a la gente al arrepentimiento.
(II Pedro 2:5)  y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, la octava persona, pregonero de justicia, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;

Noé estuvo “pregonando”, llamando al arrepentimiento…pero no lo hubo.
De igual forma sucederá en los últimos tiempos... Dios enviará plagas, no sólo como juicio sino sobre todo para dar la oportunidad a todos para que se arrepientan.  Lamentablemente no muchos lo harán, tal como dice en Apocalipsis. 
(Apocalipsis 9:20-21)  Y el resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar;  (21)  y no se arrepintieron de sus homicidios ni de sus hechicerías ni de su inmoralidad ni de sus robos.

Dios no espera que seamos “perfectos”, pero si espera que reconozcamos nuestros pecados, pues sólo así nos puede justificar. Para poder llegar al arrepentimiento, uno debe reconocer que ha pecado.  El problema es que, tanto en aquel tiempo como al final, no hay convicción de pecado (Juan 16:8).  Esto se debe a que no reconocen la ley de Dios ni se someten a Su orden.  Cada quien hace lo que quiere.  A lo bueno llaman malo, y a lo malo, bueno.
(Isaías 5:20-24)  ¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!  (21)  ¡Ay de los sabios a sus propios ojos e inteligentes ante sí mismos!  (22)  ¡Ay de los héroes para beber vino y valientes para mezclar bebidas,  (23)  que justifican al impío por soborno y quitan al justo su derecho!  (24)  Por tanto, como consume el rastrojo la lengua de fuego, y la hierba seca cae ante la llama, su raíz como podredumbre se volverá y su flor como polvo será esparcida; porque desecharon la ley del SEÑOR de los ejércitos, y despreciaron la palabra del Santo de Israel.


¿Acaso estamos en “tiempos como los de Noé”?  Ciertamente vemos indicios de corrupción y
violencia extrema que se propaga cada día más y que se ha hecho universal, no sólo limitada a ciertas regiones del globo.  Igual que en los tiempos de Noé, si el Señor no interviene, el hombre acabaría con el hombre. ¿Qué nos queda hacer?  Prepararnos y santificarnos...

2 comentarios:

  1. Cada día estamos más cerca del Día del Señor, ya no se ve justicia, ni paz, los tiempos peligrosos ya llegaron, que Dios nos ayudé.

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  2. Gloria a Dios por sus vida y por darle la sabiduría de poder inpartirnos estos estudios de mucha edificación los bendigo en el nombre de jesus

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