jueves, 4 de enero de 2018

APOCALIPSIS 2:18-29. Tiatira (b)

En la entrada anterior, leímos la afirmación que Jesús le hizo a la iglesia de Tiatira, por todas las cosas buenas que hacían. Pero ahora leeremos el llamado de atención que necesitaban recibir del Señor por la desviación en la que habían caído…  

EN CONTRA
Lo que Jesús criticó de esta iglesia es lo siguiente:
(Apocalipsis 2:20) Pero tengo esto contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.

En la historia, Jezabel era una princesa de Sidón que se casó con Acab rey de Israel como una alianza política. Dios había advertido en contra de este tipo de alianzas (Deu. 7:3-4), pero el rey Acab no era un hombre temeroso de Dios (1 Reyes 16:30-31). Ella no sólo tuvo una influencia negativa sobre su esposo, sino sobre todo el pueblo de Israel. 
(1 Reyes 21:25-26) Ciertamente no hubo ninguno como Acab que se vendiera para hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, porque Jezabel su mujer lo había incitado. Su conducta fue muy abominable, pues fue tras los ídolos conforme a todo lo que habían hecho los amorreos, a los que el SEÑOR había echado de delante de los hijos de Israel.

Jezabel era una mujer fuerte y manipuladora, que se deleitaba en hacer el mal.  También se caracterizó por procurar la destrucción y muerte de los profetas de Dios (1 Reyes 18:4; 19:2).

Jesús usa la imagen de Jezabel para hacer ver a la iglesia de Tiatira que algo similar estaba ocurriendo entre ellos, al haber permitido entrar a alguien con ese espíritu. En un sentido figurado Jezabel es una persona que tiene un espíritu manipulador que incita al pecado. Y es importante entender que “Jezabel” no era alguien que estaba “fuera” de la iglesia tratando de hacer caer a los creyentes, sino que era alguien dentro de la iglesia. Con sus doctrinas y falsas profecías enseñaba a los creyentes a que no se sintieran condenados por pecar. La Biblia enseña que “no hay condenación” para los que creen en el Señor (Rom. 8:1); pero esa gracia no nos da “licencia para pecar”. Al contrario, luego de aceptar el perdón, debemos proceder al arrepentimiento, que implica regresar a vivir como Dios manda. 

La mayor amenaza a la iglesia de Tiatira no venía de afuera, sino de adentro.  A diferencia de otras iglesias que eran perseguidas por el estado, los paganos o los religiosos, el peligro de destrucción de esta iglesia provenía de una descomposición interna. Esto es semejante a lo que pasa en la iglesia moderna en los países libres, que no sufren persecución externa, pero que corren el riesgo de destruirse desde adentro por la falta de enseñanza bíblica, por doctrinas falsas y por liderazgo permisivo que no se opone al pecado de sus miembros.

Este peligro fue el que Pablo señaló también de la iglesia de Corinto.  Habían permitido que el pecado infiltrara la iglesia, y no habían hecho nada al respecto. 
(1 Corintios 5:1-2) En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros.

Como Pablo explica: “la levadura contamina toda la masa”. Por lo tanto, debe sacarse lo malo de la iglesia, ya sea por arrepentimiento o por expulsión del pecador entre ellos (1 Cor. 5).

Jesús señala que el pecado de Tiatira fue haber “tolerado a Jezabel” y el pecado que ella promovía. Si uno toma el camino de la complacencia y la tolerancia, el camino es resbaladizo, que nos lleva al pecado, tal como le pasó a la iglesia de Tiatira. Esta es una de las advertencias que el Señor da a las iglesias de los últimos tiempos.

EL FINAL DE JEZABEL
En tiempos de los reyes, el final de Jezabel fue terrible, ya que murió sin ser sepultada y los perros comieron sus restos (2 Reyes 9:8-10). Jesús advierte a Tiatira que el final de los que sigan la doctrina de Jezabel será también terrible…
(Apocalipsis 2:21-23) Le he dado tiempo para arrepentirse, y no quiere arrepentirse de su inmoralidad. Mira, la postraré en cama, y a los que cometen adulterio con ella los arrojaré en gran tribulación, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos mataré con pestilencia, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones, y os daré a cada uno según vuestras obras.

El Señor siempre da tiempo para arrepentirse, aun a Jezabel. Pero llegará el tiempo de la justicia—perdón para quien se arrepienta, y castigo para quien no lo haga.
Nótese que la maldición no sólo afectará al pecador, sino a sus hijos—lo cual es un principio bíblico.
(Números 14:18) El SEÑOR es lento para la ira y abundante en misericordia, y perdona la iniquidad y la trasgresión; mas de ninguna manera tendrá por inocente al culpable; sino que castigará la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación.

EL REMANENTE FIEL
Aunque muchos creyentes en Tiatira siguieron la doctrina de Jezabel, debemos saber que otro grupo se guardó y permaneció fiel a Dios. Para ellos, el Señor tiene palabras de ánimo:
(Apocalipsis 2:24-25) Pero a vosotros, a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esta doctrina, que no han conocido las cosas profundas de Satanás, como ellos las llaman, os digo: No os impongo otra carga. No obstante, lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.

La frase “a los demás” (gr. Loipoi) también podría traducirse como “remanente”. El Señor dice que este remanente no ha conocido “las cosas profundas de Satanás”. Algunos comentaristas creen que esto se refiere a doctrinas que justifican el pecado, es decir, “el mal disfrazado de bien”. Jezabel justificaba el pecado. Y no hay mayor engaño que creerse justo cuando uno no lo es.

AL VENCEDOR
Finalmente, el Señor señala cuál será la recompensa a todo el que salga vencedor de la prueba en Tiatira:
(Apocalipsis 2:26-28) Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre; y le daré el lucero de la mañana.

La recompensa para el que salga vencedor será:

a.  Autoridad sobre las naciones
En su segunda venida, Jesús vendrá como el Rey y Juez de todas las naciones.  A quien se le oponga, lo destruirá (Salmo 2:6-9).  En ese tiempo, “toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Rey” (Isa. 45:23). Después de esto, el Señor va a delegar su autoridad a siervos que hayan probado ser fieles. 
(Mateo 19:28) Y Jesús les dijo: En verdad os digo que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

Otras referencias: Lucas 22:28-30; Daniel 7:18,27.

b.  El Lucero de la mañana
En términos de la astronomía, el “lucero de la mañana” se refiere al planeta Venus, que a nuestra vista se aprecia como una estrella brillante en el Cielo.  Recibe ese nombre porque alcanza su mayor resplandor justo antes del amanecer.

En términos bíblicos, el Lucero de la mañana se refiere a Jesús el Mesías. En forma simbólica, luego que pase el momento más oscuro de la historia, entonces el Señor vendrá, como la luz de la mañana.
(Apocalipsis 22:16) Yo, Jesús, he enviado a mi ángel a fin de daros testimonio de estas cosas para las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, el lucero resplandeciente de la mañana.

El amanecer deja atrás la oscuridad, y da paso a la luz del día. De la misma manera, ya no reinará más sobre la tierra Lucifer con sus tinieblas, sino vendrá con la luz del Mesías, el “Lucero de la Mañana”.


Más capítulos de este estudio en: Apocalipsis
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