viernes, 9 de septiembre de 2011

Nehemías 2: Los Muros

Ayer vimos que Nehemías salió de noche a inspeccionar el muro de Jerusalén.  Él quería saber cuáles murallas estaban caídas y qué puertas estaban abiertas.  De igual manera lo estamos haciendo nosotros en nuestras vidas. 

Antes de entrar a ver el detalle de lo que Nehemías apreció en su inspección, es necesario entender la importancia de lo que los muros simbolizan en la Biblia. 


Muros alrededor de una Ciudad
En la antigüedad, la muralla alrededor de una ciudad representaba su protección.  Sin ella, estaban expuestos a que cualquiera entrara a robarles o hacerles daño. 

En una ciudad amurallada, la población entraba y salía por las puertas, pero éstas eran contadas, y estaban vigiladas por guardas.  A los desconocidos se les detenía y se les pedía identificarse antes de autorizárseles su entrada.  En las entradas se reunían las autoridades de la ciudad para juzgar y gobernar; ellos decidían quien entraba a la ciudad y con qué.  Por las noches, las puertas se cerraban, y la población podía dormir con tranquilidad.

En un sentido espiritual, los muros representan nuestra obediencia al Señor. El ejemplo más claro de esto es Job.  El llevaba una vida justa, como Dios manda.  Por ello, tenía un muro de protección a su alrededor.  El enemigo no podía tocarlo, a menos que Dios se lo permitiera [para un bien mayor, porque Dios es bueno].
(Job 1:8-10)  Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.  (9)  Respondió Satanás al SEÑOR: ¿Acaso teme Job a Dios de balde?  (10)  ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra.

El concepto del muro de protección está escondido en la historia del Jardín del Edén. 
(Génesis 2:15-17)  Entonces el SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara.  (16)  Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer,  (17)  pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.

Cuando Dios puso a Adán en el Edén, Él le dijo que “cultivara y cuidara” el Jardín. 
La palabra hebrea para “cultivar” es “Abad”, que significa: Trabajar.
La palabra hebrea para “cuidar” es “Shamar”, que literalmente significa: “Poner un cerco de espinos alrededor” con el propósito de proteger.

Adán trabajó en el jardín, pero se olvidó de poner el cerco de protección, dejando así la puerta abierta para que la serpiente entrara y tentara a Eva.  Nada hubiera pasado, si hubieran obedecido la instrucción de Dios de “NO comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal”.  Pero en lugar de cerrarle la puerta a la serpiente, Adán comió también del fruto, y la consecuencia fue la expulsión del Jardín del Edén.  La obediencia hubiera sido su cerco.

Lo mismo sucedió con Caín.  El Señor le advirtió que cerrara la puerta al pecado, pero no lo hizo y terminó asesinando a su hermano.
(Génesis 4:6-7)  Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante?  (7)  Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.


La tendencia al pecado está dentro de nosotros, pero el Señor dice que podemos dominarlo.  La clave está en el temor de Dios que nos lleva a la obediencia.  Si obedecemos, el Señor se encargará de protegernos.  Pero si hacemos cada uno lo que queremos y botamos por la borda la instrucción de Dios, con ella botaremos los muros de protección y quedaremos expuestos a cualquier ataque del enemigo. 
(Eclesiastés 10:8)  El que cava un hoyo cae en él, y al que abre brecha en un muro, lo muerde la serpiente.

Esto fue lo que le ocurrió al pueblo de Dios.  Se rebelaron contra el Señor y no se arrepintieron.  Botaron así sus muros espirituales, y luego cayeron también los muros físicos.
(Ezequiel 22:29-31)  Las gentes de la tierra han hecho violencia y cometido robo, han oprimido al pobre y al necesitado y han maltratado injustamente al extranjero.  (30)  Busqué entre ellos alguno que levantara un muro y se pusiera en pie en la brecha delante de mí a favor de la tierra, para que yo no la destruyera, pero no lo hallé.  (31)  He derramado, pues, mi indignación sobre ellos; con el fuego de mi furor los he consumido; he hecho recaer su conducta sobre sus cabezas--declara el Señor DIOS.

Sabiendo esto Nehemías, es natural que se haya sentido triste al ver los muros caídos de Jerusalén.  Pero ahora Dios les había dado otra oportunidad para reedificar.

Zorobabel levantó el Templo físico.  Esdras llegó a levantar el Templo espiritual, enseñándoles el orden y la ley de Dios.  Pero no bastaba sólo con el conocimiento, sino que les faltaba ponerlo por obra.  Por eso Dios llamó a Nehemías, para guiar al pueblo a dar el siguiente paso.  Él fue llamado a levantar los muros caídos y a cerrar las puertas abiertas, para protección del pueblo. 

Levantemos nuestros muros y cerremos las puertas abiertas obedeciendo la Palabra de Dios.

Oremos…
Señor, ahora hemos aprendido lo que los muros representan en la Biblia, y quiero tenerlos levantados, no caídos.  En estos días de ayuno, he meditado y me he dado cuenta que he abierto puertas […menciónalas por nombre ante el Señor..]. 

Primero, quiero pedirte perdón por haber pecado contra Ti.  Segundo, quiero pedirte que me ayudes a levantar los muros caídos en mi vida y a cerrar la puerta al enemigo.  Dame el querer como el hacer, por Tu Voluntad. 

Con mi obediencia, levantaré muro de protección alrededor de mi persona y de mi familia, y me pongo en la brecha en favor de mi pueblo.  Ten misericordia de nosotros, y danos la oportunidad de levantarnos como lo hizo Tu pueblo en tiempos de Nehemías.

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