lunes, 29 de septiembre de 2014

Salmo 119:137-144. TZADE

(Día 35)

La siguiente estrofa del Salmo 119 está relacionada con la letra Tzade (צ)

Salmo 119: 137-144. Tzade
(137) Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios [Mishpatim].
(138) Tus testimonios [Edot], que has recomendado, son rectos y muy fieles.
(139) Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras [Dabar].
(140) Sumamente pura es tu palabra [Imra], y la ama tu siervo.
(141) Pequeño soy yo, y desechado, mas no me he olvidado de tus mandamientos [Pikudim].
(142) Tu justicia es justicia eterna, y tu ley [Tora] la verdad.
(143) Aflicción y angustia se han apoderado de mí, mas tus mandamientos [Mizvot] fueron mi delicia.
(144) Justicia eterna son tus testimonios [Edot]; dame entendimiento, y viviré.


El tema principal de esta estrofa es la justicia (heb. Tzedaka).  Este es uno de los conceptos acerca de Dios que al hombre más le cuesta comprender. 

Lo que es considerado “justo” no es igual para el hombre que para Dios.  El mundo define su propia justicia (tal como lo hicieron Adán y Eva en el Jardín del Edén); pero la verdadera justicia viene de Dios, quien hizo los cielos y la Tierra.  Dios es quien determina qué es bueno y justo.  Basado en ello, juzgará a todos y les pedirá cuentas, pero no lo hará sin antes darnos la oportunidad de arrepentirnos).
(Ezequiel 18:29-32) Pero la casa de Israel dice: "El camino del Señor no es recto." ¿No son rectos mis caminos, oh casa de Israel? ¿No son vuestros caminos los que no son rectos? (30) Por tanto, os juzgaré, a cada uno conforme a su conducta, oh casa de Israel—declara el Señor Dios. Arrepentíos y apartaos de todas vuestras transgresiones, para que la iniquidad no os sea piedra de tropiezo. (31) Arrojad de vosotros todas las transgresiones que habéis cometido, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel? (32)  Pues yo no me complazco en la muerte de nadie –declara el Señor Dios. Arrepentíos y vivid.

Algo que confunde a mucha gente es por qué Dios permite que los impíos prosperen.  Si Dios es justo, ¿por qué no interviene en el mundo y castiga a los malos?  La razón es simple: porque a todos da la oportunidad de arrepentirse.  Dios no sólo es justo sino misericordioso. De hecho, todos nos beneficiamos de esta bondad divina, porque todos hemos fallado de una manera u otra, y todos hubiéramos muerto de no ser por la misericordia de Dios. 
(2 Pedro 3:9-13) El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. (10) Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. (11) Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad, (12) esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor! (13) Pero, según su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia.

La justicia y la misericordia de Dios van de la mano.  No hay una sin la otra.  Sólo Dios puede balancear ambas de forma tan perfecta.
(Salmo 145:17-20) Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. (18) Cercano está Jehová a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras. (19) Cumplirá el deseo de los que le temen; oirá asimismo el clamor de ellos, y los salvará. (20) Jehová guarda a todos los que le aman, mas destruirá a todos los impíos.

El salmista dice que la Palabra de Dios es sumamente “pura”.  En hebreo se usa la palabra: Tzaraf, que literalmente significa: refinada.  Los metales preciosos se purifican con fuego.  En las pruebas de la vida sale a luz la verdad de la Palabra de Dios; allí se prueba mejor que nunca que lo que Dios ha dicho es verdad. 



Oremos…
Gracias, Señor, por tu justicia, que es perfecta, más de lo que pueda yo entender.  Tú eres mi Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud. 
Dios de verdad, ninguna iniquidad hay en Ti, pues eres justo y recto. 
Tú eres el Juez de toda la tierra, por lo tanto, ¿no harás lo que es justo?  Lejos de ti el hacer morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas.  Justo eres tú, Yehová, y rectos tus juicios. 
Aunque yo sea pequeño y despreciado, nunca me olvidaré de tus preceptos.  Aunque pase por angustia y aflicción, encontraré deleite en tus mandamientos.  Tus testimonios son justos para siempre; dame entendimiento para que yo viva.  Tu justicia es justicia eterna, y tu ley verdad.
Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso.  Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor,  y glorificará tu nombre?  Pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.

[Deuteronomio 32:4; Génesis 18:25; Apocalipsis 15:3-4; Salmo 119:137-144]


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