lunes, 12 de marzo de 2018

APOCALIPSIS 7:4-17. Los Sellados y la Gran Multitud

Antes de abrir el séptimo sello, Dios instruyó a los ángeles que no actuarán sino hasta después que un remanente especial fuera sellado:
(Apoc. 7:4)  Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.


El número de 144,000 personas es relativamente grande, pero en comparación al número de creyentes en todo el mundo, definitivamente es muy bajo.

Y, ¿quiénes son estos que serán sellados? El texto los identifica como parte de “las tribus de los hijos de Israel”. Algunos han interpretado que esto se refiere a “los judíos”; pero el problema con esa interpretación es que no se toman en cuenta a las otras tribus que también se mencionan. Tal vez para nosotros estén perdidas, pero para el Señor nadie de Su Pueblo se ha perdido, y en múltiples profecías se habla de la restauración de las tribus perdidas [Ver estudio: “Israel: Dos Casas”].

En Apocalipsis queda claro que los sellados no sólo serán de la Casa de Judá, sino también de “las tribus perdidas” (aunque no se menciona una: la tribu de Dan). El texto señala que doce mil de cada tribu serán sellados.
(Apoc. 7:5-8) De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados. De la tribu de Aser, doce mil sellados.  De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados. De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados. De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados.

Comparemos las tribus selladas de Apoc. 7 con los nombres de las tribus de Israel:

Tribus de Israel
(Num. 1:5-16,49-53)
Tribus en Apocalipsis 7
Rubén
7:5
Simeón
7:7
Judá
7:5
Isacar
7:7
Zabulón
7:8
Efraín, hijo de José
7:8 (José)
Manasés, hijo de José
7:6
Benjamín
7:8
Dan
*no aparece*
Aser
7:6
Gad
7:5
Neftalí
7:6
Levi
7:7

En total, 144,000 personas serán selladas (12,000 de cada tribu de Israel). Estos serán librados de las plagas que vendrán después del séptimo sello (Apoc. 7:3; Apoc. 9:4).

Más adelante se nos revela que el sello que reciben es el Nombre del Cordero (heb. Yeshua) y el Nombre de Dios (heb. Yehová) escrito sobre sus frentes.
(Apoc. 14:1) Miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de El y el nombre de su Padre escrito en la frente.

Allí también se describe qué clase de personas eran este remanente escogido:
(Apoc. 14:4-5) Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha.

Como seres humanos, no pueden ser perfectos (porque no hay justo—Rom. 3:10); sin embargo, es evidente que ellos se sometieron a una disciplina espiritual. Ellos ya no necesitan pasar por el fuego purificador, porque se sometieron voluntariamente a un proceso de arrepentimiento previo a este momento.

El número de los sellados es muy bajo. Tal vez no debería sorprendernos porque Jesús lo advirtió:
(Mateo 22:14)  Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

La elección no es por suerte ni por lotería, sino es por decisión. El Señor llama a muchos, pero pocos son los que responden. Él escoge a quien haya escogido seguirlo a Él con todo su ser.

Y, ¿qué pasará con el resto del Pueblo de Dios? La Biblia responde a esta pregunta en los siguientes versículos…

LA GRAN MULTITUD
A continuación, Juan vio a una gran multitud que será salva:
(Apoc. 7:9-12) Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Esta gran multitud son personas que serán salvas porque creyeron en el Cordero de Dios. Juan los vio adorando al Señor junto con el ejército del Cielo. Pero antes de que esto suceda, deben pasar por un proceso de purificación, y tal como lo explica uno de las ancianos:
(Apoc. 7:13-14) Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

La salvación es por fe, al creer en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29; 1 Pedro 1:18-19). Pero luego de creer, el Señor espera que vayamos transformando nuestras vidas para vivir como Él manda (1 Cor. 6:9-11).

Recordemos que el propósito de todo es prepararnos para la unión del Cielo y la Tierra, para estar con Dios cara a cara. Los últimos versículos de este capítulo son un eco de lo que se describe en el capítulo 21, donde describe el descenso de la Nueva Jerusalén, cuando el Cielo y la Tierra se unirán (Apoc. 21:1-8).
(Apoc. 7:15-17) Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.

El resultado será glorioso, pero el proceso de limpieza será intenso. Ahora ya sabemos quien podrá soportar el fuego purificador de Dios.

En próxima entrada veremos lo que sucede cuando se abra el séptimo sello (pues este capítulo sólo fue un parentesis explicatorio)…


Más capítulos de este estudio en: Apocalipsis


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