domingo, 3 de noviembre de 2019

Daniel 7:9-14. Anciano de Días


Así como el sueño de Nabucodonosor (Dan. 2) culmina con el fin de los imperios del hombre, también el sueño de Daniel presenta el fin del dominio del hombre. Éste es el mensaje central del libro de Daniel: que Dios es Soberano y está sobre los reinos de este mundo.
(Daniel 2:21) Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.


Al final del sueño de Daniel, se abre la revelación que hay alguien en el Cielo que juzga sobre los asuntos de la Tierra:
(Daniel 7:9-10) Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.

“Anciano de Días” en arameo es: “Atik Yomin”, que también puede traducirse como: antiguo de días. Se refiere a Dios que es eterno.
(Salmo 90:2) Antes que los montes fueran engendrados, y nacieran la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, tú eres Dios.

El “Anciano de Días” es Dios Padre. Él es el rey del universo y el Juez justo. Él es quien determina a quien le será dada la autoridad sobre el mundo (Salmo 2).

El sueño de Daniel reveló que, al ser quitado el dominio a los reinos del hombre, la autoridad será dada a alguien designado por Dios:
(Daniel 7:13-14) Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

A diferencia de los reinos del hombre que suben y caen, el reino del Hijo del Hombre será para siempre. Este es el Reino del Mesías, Jesús (hebreo, Yeshua). Por eso, Jesús se llamaba a sí mismo “hijo del hombre”, sugiriendo que él era el Mesías, anunciado por los profetas y esperado por todo Israel.

El profeta Miqueas recibió más detalles de quien es este líder que recibirá el dominio de Israel: su tribu, su lugar de nacimiento, y su edad.
(Miqueas 5:2) Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad.

LIBROS ABIERTOS
En la visión, Daniel vio que cuando el Juez se sentó a juzgar, unos libros fueron abiertos. Al final de Apocalipsis también se mencionan estos libros, y se explica más sobre lo que en ellos está escrito:
(Apocalipsis 20:11-12) Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

Por el contexto, sabemos que son libros legales de las cortes celestiales. En ellos está escrito lo que cada persona ha hecho en su vida, y en base a eso seremos juzgados.

Más adelante explica la trascendencia del “libro de la vida”.
(Apocalipsis 20:15) Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

En la próxima entrada terminaremos de estudiar el capítulo 7, enfocándonos en los otros detalles que Daniel recibió sobre la cuarta bestia…


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